lunes, 18 de abril de 2011

Ventajas de trabajar con agricultores


Recuerdo que en primavera, cuando llegaban las habas y mi madre se presentaba en casa, procedente del mercado con 4 o 5 kgs de ellas para comer con un poco de chorizo, cebolla, ajos tiernos, menta y butifarra negra, O sea; como decimos en Catalunya "ofegades", cocinadas con su propio vapor, sin perder nada de su agua, siempre precedía a esta comilona un plato de "xiulets". Eran aquellas habitas con su vaina, que al agricultor le habían quedado pequeñas, de forma que no valía la pena desgranarlas. Entonces mi madre las escaldaba en agua hirviendo, las enfriaba y seguidamente las enharinaba y freía. Al ponerlas en el plato, las espolvoreaba con un poco de canela. Este es uno de los recuerdos gastronómicos más gratos de mi infancia.
Pues bien, un día me vino a la memoria este plato y gracias al hecho de trabajar con pequeños agricultores, les pedí que cuando llegara la hora, no dejaran crecer un buen número de habas, para poderlas ofrecer en la Salseta, a mis clientes. Lógicamente para que el agricultor acceda a esta petición hay que pagar por las habitas un precio justo; el que se le pagaría si éstas hubieran llegado a un tamaño y peso mayor. Pero ha valido la pena, ya que es un plato (aperitivo o entrante, incluso guarnión) que sorprende, porque es desconocido para muchos clientes y porque está buenísimo.
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